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La Educación de Jesus

Estando en Santa Bárbara, Honduras, para algunas oficinas, leí una frase: “La educación nos cambia la vida.” Meditando en esa frase, pensé en esta: “La Verdadera Educación, forma el carácter a semejanza de Jesucristo.”

Se decía de Jesús, nuestro máximo ejemplo: ¿Cómo sabe Este letras, no habiendo aprendido? ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre! (Juan 7:15; 46). Todos se maravillaban del nivel de su sabiduría; aunque nunca asistió a una escuela judía. ¿Entonces, cómo fue que él aprendió? Simple y sencillo; a los humildes pies de María su madre y maestra.

¿Qué es educación? El libro Educación, dice: “Es el desarrollo armonioso de las facultades físicas, mentales y espirituales. Prepara al estudiante para el gozo de servir en este mundo, y para un gozo superior proporcionado por un servicio más amplio en el mundo venidero.” (Elena G. White, Educación 13). No creo que exista una definición más amplia y exacta que la que acabamos de leer.

Photo: Pexels

Los verdaderos hijos de Dios se educan para servir; y sirviendo abnegadamente desarrollan el carácter del Gran Maestro Jesucristo. El que dice que le conoce, debe de andar como Él anduvo. Y ejemplo os he dado para como yo he hecho, vosotros también hagáis (1 Juan 2:6 y Juan 13:15).

Ahora bien, si Jesús es nuestro ejemplo, entonces analicemos su vida. Hagámonos algunas preguntas. ¿En cuál escuela o universidad estudió Jesús? ¿Había centros educativos en los tiempos de Jesús? ¿Porque Jesús no recibió su educación en las escuelas de los rabinos?

Contestemos estas preguntas y veamos si Jesús nos dio un buen o mal ejemplo. La escuela de Jesús fue en su humilde hogar a los pies de María. Le enseñó a leer de las Sagradas Escrituras. Aprendió de la naturaleza, el primer libro para nuestra educación. Y por medio de tareas y responsabilidades diarias con las cuales tenía que cumplir en casa y en el taller de carpintería de su padre José. Jesús fue excelentemente educado y sabía muy bien cuál era su misión al igual que su contemporáneo Juan, el Bautista. Ambos tenían un magnífico propósito por el cual vivir y estaban dispuestos, si era necesario dar sus propias vidas para cumplir ese propósito. ¡Qué tremenda lección nos enseñan las vidas de estos dos hombres!

La educación tradicional había cegado los líderes del pueblo y al mismo pueblo. Se creían la “gran cosa,” porque habían estudiado en la cátedra de Moisés, tenían sus títulos y reconocimientos, pero no tenían lo más importante que era el caminar humildemente con su Dios, hacer justicia y amar la misericordia (Miqueas 6:8). Habían sido educados para ser arrogantes, soberbios, orgullosos y ambiciosos. Anhelaban la fama y ser reconocidos en la sociedad. Eran ciegos, desventurados, miserables y pobres, aunque ellos se creían ricos (Apocalipsis 3:17). Esta fue la razón por la cual Jesús no asistió a las escuelas rabínicas.

¡Ha ocurrido lo mismo en pleno siglo veintiuno! Nos hemos alejado del diseño Divino de educación. Si como hijos de Dios, hubiésemos seguido el libro de Texto, la Biblia, y los consejos de los escritos inspirados; nuestros centros educativos en todo el mundo y en todos sus niveles serían los más sobresalientes. Seríamos un pueblo verdaderamente excelso con las riquezas del verdadero conocimiento en todos los ámbitos que importan para nuestra salvación, la salvación de nuestras familias, la salvación de nuestras iglesias y nuestras comunidades.


Nota: Artículo escrito y publicado en Español  

Gerber Hernandez

Masters Educación Primaria. Seis años de experiencia en educación pública en el estado de California. Siete años como director y maestro de educación primaria Adventistas en Santa Bárbara, Honduras, Centro América.

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One comment

  • | 1 year ago

    What strategies might we learn from Adventist education in Honduras, to better implement true education principles?

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