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Jesús: Nuestra Casa

El mundo está lleno de dolor e incomprensiones, y nuestros alumnos están inmersos en él. Cada vez encontramos más casos de chicos y chicas en familias desestructuradas que muchas veces deben cumplir roles de adultos, y palpar el sufrimiento en primera persona antes de lo que tocaría.

Por lo tanto, la escuela tiene que ser muchas veces casa para ellos, y eso sólo ocurre reivindicando a Jesús como la verdadera casa, así con un fundamento estable (Mateo 7:24-27) habrá un sentido más allá del sufrimiento.

Photo: Editorial images

Moverse en la dirección de Jesús supone entrar en la dinámica contraria a la del propio ego: es salir de uno mismo, vivir descentrado de los problemas y deseos propios, dar espacio al otro, y servirle de corazón para ser su casa. Jesús nos invita a ser algo más que ego, nos insta a ser personas. Nosotros, los profesores, debemos expresar y conducir este mensaje para servir a cada uno de los alumnos.

El problema es que frecuentemente tomamos una dirección distinta a la propuesta por Jesús. Lo que en el Evangelio era compasión, algunas veces la transformamos en mera moralidad, que es una vía mucho más sencilla de regular y controlar al otro, pero deja de ser divina. En contraste, cuando un ser humano es compasivo, sea o no creyente, está manifestando a Dios.

Jesús produjo un giro copernicano en la religiosidad del primer siglo. A pesar de que no creó una nueva religión, sí que produjo un desplazamiento radical del punto de encuentro con Dios. En ese momento a Dios se le encontraba en el templo, en cambio Jesús mostró que a Dios se le encuentra en la calle, en las casas, yo añadiría en las escuelas, en el patio, y es que a Dios lo encontramos allí donde abunda la bondad (Mt 25,35-40). Dios no es un templo, es mucho más que esto, es una casa.

El Evangelio es una llamada a una misión, a ser movimiento. Por eso, no podemos permitir que el hecho de que la escuela y iglesia sean instituciones acabe condicionando este movimiento al nivel humano, sino es muy urgente recordar como Jesús entendía la misión y la educación cristiana.

Lo esencial, lo que es “casa” en nuestra fe, es Jesús en primero lugar y no las instituciones. A veces queremos vender la institución, una iglesia local, o un predicador, pero es “Solo Cristo”, como diría Lutero, lo que sustenta estos edificios.

A nuestros alumnos les debemos mostrar la manera de vivir horizontalmente de Jesús, pensando en el débil y el necesitado, una vida de éxito no basado en el autoritarismo sino en el servicio altruista. Los más jóvenes son más sensibles que nosotros al mensaje cristiano, solo falta que llegue la parte nuclear de Jesús a sus manos y que decidan libremente.


Nota: Artículo escrito y publicado en Español.

Isaac Llopis

Isaac Llopis, doctor en física por la Universitat de Barcelona, y graduado en ciencias religiosas, ahora cursando un máster de diversidad religiosa. Profesor del Col·legi Urgell, escuela adventista de Barcelona, desde hace 4 años. He sido investigador postdoctoral y profesor en diversas universidades desde 2008.

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