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El poder de una vida consecuente – parte 1: Cristo como el gran modelo

Los educadores cristianos tienen en Cristo el modelo supremo. Nunca hubo ni habrá un maestro como él. Según San Mateo, después de que Jesús terminó de pronunciar el sermón del monte “la gente se admiraba de su doctrina [lit. ‘enseñanza’]; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Mateo 7:28, 29). Jesús enseñaba con poder, con autoridad. Se podría mencionar una cantidad de elementos que se conjugaban para que fuera así. Pero por encima de todo, Cristo enseñaba con autoridad porque “practicaba lo que enseñaba. […] Las palabras de Cristo tuvieron en su vida una ilustración y un apoyo perfectos. […] Eso fue lo que dio poder a su enseñanza” (White, 1964, p. 74). Cristo “practicaba sus enseñanzas en su propia vida. Era consecuente sin obstinación, benevolente sin debilidad, y manifestaba ternura y simpatía sin sentimentalismo” (White, 1948, p. 201).

Person reading the Bible.
Photo: Unsplash

San Mateo contrasta el poder y eficacia de la enseñanza de Cristo con la impotencia de la enseñanza de los escribas, que eran los educadores profesionales de aquella época. En su función educativa los escribas pretendían ser los sucesores de Moisés. Sentarse “en la cátedra de Moisés” significaba pretender que poseían la misma autoridad que Moisés, como los únicos guardianes e intérpretes autorizados de la Torah. En esta ocasión Jesús no desautorizó la enseñanza de los escribas, que generalmente se limitaban a citar de memoria pasajes de las Escrituras, repitiendo la interpretación que otros escribas habían presentado anteriormente. Por supuesto, no toda la teología enseñada por los escribas era correcta, y Jesús ya había denunciado algunos de sus errores doctrinales (Marcos 7:1-16). Pero esta vez el Señor no estaba preocupado por esa clase de errores. Dado el afán de los escribas por preservar las enseñanzas del Antiguo Testamento, Jesús dijo: “todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo” (Mateo 23:3). Su enseñanza tenía en gran medida contenidos correctos.

¿Por qué, entonces, en Mateo 7:29 dice que la enseñanza de los escribas carecía de autoridad? El mayor problema de los escribas era que no vivían de acuerdo con lo que ellos mismos enseñaban. Jesús advirtió: “todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen” (Mateo 23:3). Es por eso que su enseñanza carecía de autoridad moral. Pese a su celo religioso y todos sus esfuerzos, fracasaban como educadores.

A los educadores, este agudo contraste entre Cristo y los escribas los invita a la reflexión. Todo educador debería preguntarse por qué la forma de vivir afecta de un modo tan determinante el poder de nuestra enseñanza.

*El artículo es el primero de una serie de tres artículos. El segundo y el tercero serán publicados en las próximas semanas.


Nota: Artículo escrito y publicado en Español. 

Carlos Steger

Carlos Steger

PhD (Andrews University), es Decano de la Facultad de Teología de la Universidad Adventista del Plata, Argentina. Se ha desempeñado como pastor, profesor, administrador y redactor.
Carlos Steger

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