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Los cuatro pilares de la educación adventista (Parte 3)

La educación adventista manifiesta que existen cuatro pilares de la educación de un niño: obediencia, dominio propio, respeto y reverencia. Hemos visto la importancia de la obediencia y el dominio propio. En esta parte, vamos a ver lo importante que es una educación que incluye el respeto y la reverencia.

Respeto:

Portrait of a happy multiethnic children holding books and wearing backpack at primary school. Schoolboys and cute girls in a row holding notebook and looking at camera. Portrait of a elementary child smiling.Una de las cualidades visibles de una buena educación es el respeto. Cuando un niño o joven adquiere una actitud respetuosa ante los  demás, se le admira y se le califica como una persona con buena educación, porque detrás de una persona respetuosa hay hábitos de obediencia y dominio propio como principios de su carácter. La falta de autocontrol lamentablemente se  observa con frecuencia, tanto en los hogares como en las escuelas; resultado de la confusión de los adultos con respecto a la verdadera educación.

Es por esto que los padres deben incorporar estas citas a sus estructuras y paradigmas sobre educación, para que cuand el niño se incorpore a una institución, el maestro   continú el trabajo realizado en casa.  “Se les debe enseñar a los niños a respetar el juicio experimentado. Se les debe educar de tal manera que su mente esté unida con la de sus padres y maestros. E instruirlos de manera que puedan ver cuán propio es escuchar su consejo.” (White, 1988).

Reverencia:

En el libro Patriarcas y Profetas (White, 1983), se describe con detalle el pasaje de la irreverencia de dos de los hijos del sacerdote Aarón en el que murieron de inmediato por ofrecer fuego extraño (Levítico 10):

“En su juventud, Nadab y Abiú no fueron educados para que desarrollaran hábitos de dominio propio. La disposición indulgente del padre, su falta de firmeza en lo recto, lo habían llevado a descuidar la disciplina de sus hijos. Les había permitido seguir sus propias inclinaciones. Los hábitos de complacencia propia, practicados durante mucho tiempo, los dominaba de tal manera que ni la responsabilidad del cargo sagrado tenía poder para romperlos. No se les había enseñado a respetar la autoridad de su padre, y por eso no comprendían la necesidad de ser fieles en su obediencia a los requisitos de Dios. La indulgencia equivocada de Aarón respecto de sus hijos, los preparó para que fueran objeto del castigo divino.Dios quiso enseñar al pueblo que debía acercarse a él con toda reverencia y veneración exactamente como él indica. El Señor no puede aceptar una obediencia parcial. No bastaba que en el solemne tiempo del culto se hiciera casi todo como él había ordenado. Dios ha pronunciado una maldición sobre los que se alejan de sus mandamientos y no establecen diferencia entre las cosas comunes y las santas, (White, 1983).

Este impresionante episodio en la historia del pueblo de Israel ha quedado registrado para enseñar cuán grave es considerada la irreverencia ante el nombre santo de Dios.

En la alusión del relato bíblico, a manera de conclusión, se reúne las cuatro lecciones que aquí se les llama pilares de la educación adventista que hemos elaborado en las tres partes de este tema. Todo padre y educador adventista debe familiarizarse con estos pilares.


Nota: Artículo escrito y publicado en Español.

Lorenzo Tello

Me formé en la Escuela Normal como profesor de Educación Primaria y la Licenciatura en Ciencias de la Educación con especialidad en Lengua y Literatura Española, ambas carreras en la Univerdidad de Montemorelos. Tengo estudios de posgrado en Lingüística Hispánica en la Universidad Nacional Autónoma de México. He enseñado en la escuela primaria, secundaria y preparatoria en varias escuelas de la organización de la Iglesia Adventista de Méxixo;así como, en el nivel universitario y en el posgrado en educación en la Universidad de Navojoa y de la Universidad de de Montemorelos. Cumplí funciones directivas en todos los niveles. Actualmente estoy entrando al plan de jubilación que la Iglesia tiene; trabajé 43 años por la gracias de Dios y mi última función fue la dirección de la Facultad de Educación de la Universidad de Montemorelos.
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