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¿La sal de la tierra?

“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.” (Mateo 5:13)

Este versículo lo he escuchado muchas veces. El significado está claro cuando unas palabras más adelante el mismo Jesús indica que “vosotros sois la luz del mundo”. Recordemos las enseñanzas que la Historia nos ha dado acerca del uso de la sal.

Antiguamente se consideraba un gran castigo salar la tierra de una ciudad o región. Por un lado hay múltiples testimonios escritos que atestiguan tal condena en numerosas ocasiones a lo largo de la Historia (ver las referencias). En la Biblia hay algunos pasajes como el de Jueces 9:45 donde Abimelec derrota la ciudad de Siquem y la siembra de sal. Los antiguos hititas y los pueblos asirios hablan de la sal como elemento que purificaba las ciudades o territorios derrotados, para que nada creciera. Por otro lado, no hay constancia de cómo se realizaba el proceso. Acudiendo a la lógica, salar el terreno de una ciudad destruida de tamaño medio, por ejemplo 2cm de capa salada por 10 hectáreas, supondría un elevadísimo coste. No olvidemos que la sal en la antigüedad era un bien preciado. Nuestra palabra “salario” deriva de esta cuestión, pues se pagaba con sal en numerosas ocasiones. Así que, se trataba de algo más simbólico que literal. De hecho, en la actualidad, ciertas prácticas agrícolas muy arraigadas aún consideran que una dosis concreta de sal no sólo no mata la tierra sino que la repara y hace posible un uso intensivo.

Así que, ¿qué quiso decir Jesús cuando nos dijo que somos la sal de la tierra? Podríamos ser algo simbólico que se usa para salar el poder destruido del Príncipe de este mundo. Podríamos ser algo muy valioso, porque nuestro salario es la vida eterna por medio de nuestro Señor Jesucristo. Personalmente elijo la aplicación agrícola que hace posible que mi vida se repare en Él y pueda servir al tremendo propósito de transmitir el Evangelio desde mi humilde puesto de profesor.

¿Y tú? ¿Qué tipo de sal crees que eres?

Como profesor del Colegio Adventista de Sagunto puedo afirmar con absoluta rotundidad que he presenciado cómo el Espíritu Santo actúa en las vidas y los corazones de muchos adolescentes. La sal que se derrama día a día en nuestros colegios adventistas alrededor del mundo es un regalo que viene de Cristo directamente a nuestras aulas. Es para mí un privilegio poder presenciarlo. El Señor derrama sus bendiciones entre aquellos que creen en Él, aunque como yo, tengan muy poca Fe.

Referencias:

Ancient Near Eastern History and Culture (William H. Stiebing Jr) Routledge; Edition: 3. 2017

Life in the Ancient Near East, 3100-332 B.C.E. (Daniel C. Snell) Yale University Press. 1997

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